jueves

creo, he resuelto,
mi problema con las tintorerías.
cuando era muy chica,
con mi abuela,
cruzábamos a buscar las sábanas
y los pantalones de lino.
la koreana era amiga
nos daba el parte del barrio
toda una recopilación de lo que observó en el día
sentada en su silla con olor a polilla, creía yo
porque los bichos se metían en todos lados
me enseñaron
de chica
las sábanas y los pantalones de lino
se hacían esperar
veía mucho aunque no llegaba
ni al mostrador
sentía
que la humedad de las máquinas de vapor y el lino
estaban abarcándome,
colgados de esas perchas tan altas
y tan
venideras.
mientras tanto yo
elegía una camisa y una pollera juntas
luego dibujaba las piernas,
los hombros, el cuello, la cabeza,
la cara y el pelo del posible dueño.
porque también
koreana madre y koreano hijo
eran muy parecidos, hablaban algo
yo no entendía
abuela, decía
creo que nos van a invadir
estos tipos de acá
con su plaga de polillas
escondidos en ropa de otros
hablando lo que no conocemos

después
la koreana murió
koreano hijo quedó
prolongando el honor
de madre que hacía tan bien
su trabajo
lo ví triste
yo había
acusado por pimera vez a un humano de inmortal
no entré nunca más
a una tintorería

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