La poesía no es mía, es de todos. La escupo y se pasea por ahí, impune, anochece cíclicamente para brillar en re menor. Nunca canto ¿Vos qué sentís? Me sentí acribillada porque mis espectros me admitieron, vos no hacés poesía, mamarracheás y te comés el bicho de que sí. Pero no. Me dolió, entonces diseño unas amebas lindísimas para que la gente las rapte y pueda ver: la belleza es moldeable como nuestra propia creación, cada uno arma las cosas como le gustan.
Si me dejo versear por las categorías voy a terminar leyendo por gula los poemitas de Symns. Todos queremos eso, la aceleración de los engranajes en los andenes del tren. Una película corta que no nos diga mucho. Pasar la vida porque mañana no estará, estar de anfetaminas todo el día. Viajar en subte, viajar tanto en subte...
A mi abuelo le preocupaba que no saliera bien mi raya al medio. La verdad que sí, había tanta ciencia en ese tipo. La cotidianeidad que le hacía campo de fuerza parecía que iba a rebalsar. Aunque rebalsó. Solamente no la pudimos agarrar mientras lo llorábamos. Se murió con una sonrisa. Me falta eso, sentarme a charlar con ese cacho de siglo pasado. Hubo otros tiempos, eso seguro. En los que era viable sentarse en la vereda ¿Y quién lo dijo? Yo que sé, pueden matarnos a puñaladas, que es viable igual. Entonces también puedo hacer viable la ciudad de rosa chicle aún los días de lluvia, comprendés.
Mi insomnio a veces es letal, debo estar esperando algo a cambio al final del día. Como que me hagas un eco en el que yo no esté tan errada con las cosas que pienso.
Nos vamos directo a que nos cremen en un sótano y nadie, absolutamente nadie, sepa nada de nosotros. A mi también me cuesta, vos sabés, ir metaforeando arriba del colectivo con tanto olor a chivo que se va, se ve difusa otra idea más.
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